
Ayer cometí la temeridad de irme de compras...
Qué queréis, soy débil. Además el tiempo está lluvioso y anima a pasearse entre los ropajes de otoño, lo que no ocurre cuando el sol casca a 30 grados. Y no es que haya salido escaldada de la experiencia, pero ayer me pasó una cosa extraña: ayer descubrí que soy extraterrestre.
Y ahora estaréis pensando que lo digo por lo de siempre, porque no encuentro ropa de mi talla y blablablá...Bueno, pues no exactamente, aunque es algo que tiene que ver. Ayer en una de las tiendas del grupo del millonario ese de Arteixo, (pongamos que se llama ’Sick & fear’, o algo parecido, para preservar su identidad), me decidí por unos pantalones vaqueros que no es que sean un producto de primera necesidad, pero mira, como costaban 18€ pues ¿por qué no tenerlos en el armario? (sí! algún día hablaremos de la fiebre consumista y esas cosas, pero no será hoy).
Pues resulta que me pruebo los pantalones, divinos ellos (y no hablo de lo divina que estaba yo con la iluminación difuminada y el espejo trucado del probador porque me da vergüenza quererme tanto) y vale, me quedan enooormes.Yuju! Puede que en verano alguna extraña fuerza magnética haya absorbido de repente todas las cervezas y los helados? El caso es que los pantalones de mi talla, la 40, podía bajármelos y subírmelos sin desabrochar. Después de estar un rato bajándome y subiéndome los pantalones sólo para divertirme (criatura), me dispuse a probar los mismos pantalones en la 38. Y aquí viene el Expediente X, y es que no sólo casi no los pude meter sino que no fui capaz de abrocharme un solo botón (si lo hubiese intentado probablemente los hubiera reventado). Así que vuelta a probarme los de la 40 a ver si es que yo me había visto mal, pero qué va, no había vuelta de hoja, que los de la 40 sólo me faltaba amarrármelos a la cintura con una cuerda de tender la ropa.
Así que tuve que irme de la tienda sin los pantalones (aunque con una blusa monísima) y con la certeza de que, aunque no lo había descubierto hasta ahora, en realidad uso la talla 39, cosa que me hace plantearme si soy extraterrestre, puesto que, claro está, la talla 39 no se fabrica. Al menos en mi pueblo, vaya...
P.D.- Después de eso me pasé por el hipermercado (pongamos que se llama Almonte) a comprarme un champú y ya no sé si hablaros de los problemas que tuve para encontrar uno para mí. Que si ’rizos perfectos’, que si ’ultraliso’, ’anticaspa’, ’cabellos teñidos’ y demás. ¿Y si mi pelo no es ninguna de esas cosas, como es el caso? Lo dicho: extraterrestre.